tournée / the perks of being a wallflower / damsles in distress / silver linings playbook / frankenweenie

Cuando yo era chica quería tener hijos populares.

Si pensaba, cuando tenía entre doce y dieciocho, que de mi vientre podría salir un chico desgarbado, con granos, anteojos y mucha inteligencia me ponía muy nerviosa: yo quería uno de esos atléticos, jugador de fútbol americano, galán, heartberaker. Quería tener de hijo a un tarado deportivo que pudiera bailar bien, vestirse bien y ganar buenas minas.

Evidentemente en esa época yo era muy estúpida, pero recién me di cuenta de eso con los años, habiendo sido una perdedora en el colegio pude ver cómo terminaron los populares del colegio a través de facebook y, bueno, no fue el final más rosa para ellos.

Sucede que al que nosotros llamamos comúnmente “perdedor” en realidad no ha perdido mucho. Una prueba tonta (tontísima, diría) son los perdedores de las películas: ser perdedor en una película es más interesante. Siempre son inteligentes y curiosos. Tienen conflictos que los hacen crecer, crisis que los hacen avanzar, inquietudes que los hacen investigar. Los perdedores de las películas no se conforman. No son complacientes con ellos mismos. Se exigen más de lo que pueden dar. Son enroscados, tienen traumas de la infancia, se deprimen, se vuelven locos, son solos, infelices y sí, aún así, son más interesante que cualquier ganador.

Siempre que termina una película le pregunto a quien esté conmigo y también me pregunto a mi misma si gustó o no. Lo que espero es una respuesta más bien intuitiva, sin justificaciones: un sí o un no caprichoso e inexplicable. Cuando terminó Frankenweenie por primera vez en mucho tiempo no supe qué responder. ¿Me había gustado o no me había gustado? ¿Era larga  y divertida? ¿O aburrida y tonta? Lo pensé bastante porque no me gusta dejar sin respuesta esa pregunta tan primaria como ¿Te gustó? y sin embargo todavía no lo sé.

De qué la va. El perrito (único y mejor amigo) del niño Victor Frankenstein (perdedor, tímido, inquieto) se muere y el niño Victor, alentado por las historias que le cuenta su nuevo profesor de ciencias, hace un experimento para revivirlo y lo revive. Y como si jugás con fuego te podés quemar, si jugás a revivir muertos las cosas se pueden complicar.

Visualmente es muy bella: un poco expresionista, en un suburbio parecido al del joven manos de tijeras, mucho contraste en las imágenes, personajes cabezones y ojones, peinados raros. Todo indica que podría ser una película de terror pero lo cierto es que es una película tiernísima, casi infantil, aunque por momentos pensé que los niños podrían aburrirse. Tiene un par de referencias para chicos de treinta y algo (los gremlins, por ejemplo) que apelan más a la nostalgia que a otra cosa.

Iba a decir “la película se ve” pero me parece que no estoy en posición de hablar con tanto desprecio de Tim Burton. Entonces diré, de manera más elegante: si te gusta el Tim Burton más infantil esta película no va a defraudarte, si esperás algo más tipo El gran pez, olvidate.

The perks of being a wallflower inauguró mi año 2013. Yo estaba pasando ese fin de semana en una casa hermosa con una pileta ídem pero para que yo salga al sol y tome ídem tienen que pasar muchas más cosas que “mirá qué lindo día, ¿salimos afuera?”. La cosa es que teníamos el pan casero que habíamos hecho el 31, teníamos unos dips ricos, y un sillón medianamente cómodo. Entonces: ¿quién piensa en meterse en la pileta cuando tenés aire acondicionado, comida y películas?

De qué va. Chico tímido y consecuentemente perdedor se hace amigos del grupo de freaks del colegio (una medio putona, un gay, una punk, etcétera). Se juntan, prueban drogas, escuchan música buena, se hacen compañía, piensan, se divierten, se quieren. Pertenecer a algo siempre tiene privilegios.

A mi me pareció desgarradora y otra gente me dijo que está buenísima pero no le desgarró nada y otra gente más me dijo que era demasido adolescente y yo sigo diciendo que me pareció desgarradora. Un retrato perfecto de las amistades adolescentes, con todos sus vaivenes, con sus quilombos amorosos, sus peleas y sus desamores: desde el primer beso hasta el primer porro pasando por la homosexualidad, el bullying y la música. Qué bella la música de la película. Una película que en unos años van a pasar en I.Sat.

Igualmente, un descargo: la película es tonta tonta. Es posible que si te gustó te hayas dejado encantar por estos niños perdedores con alegría. O sea: no sé hasta qué punto la película es realmente buena. Creo que nos dejamos llevar por todas las cosas que nos hizo recordar de nuestra propia adolescencia, de nuestros amigos de ese tiempo, de las cosas que hacíamos, probábamos o escuchábamos. A mi, por ejemplo, sé que me pegó por el lado de la camaradería adolescente que alguna vez tuve con las chicas del colegio y que después perdí y ya no pude recuperar con nadie. A otros les habrá pegado por el temita de salir al mundo, de crecer, de descubrirse, de encontrar respuestas. Cada uno sabrá por qué le gustó realmente la película. Si objetivamente yo tengo que decir qué la hace buena, no sé qué responder.

Los perdedores conflictuados pero muy inteligentes crecen. Entran a grandes y prestigiosas universidades y se deprimen y son los protagonistas y secundarios de Damsels in Distress.

De qué va. Chica linda entra a una universidad y se hace amiga de un grupo de otras tres que luchan contra la depresión universitaria, enfermedad que al parecer se ha cargado a varios estudiantes.

Por momentos parece una película de las livianitas de John Waters, esas donde los adolescentes perdieron el filtro que separa lo que hay que decir y hacer de lo que no. Y no tanto como una rebeldía posterior a la edad del pavo sino como un sobreanálisis de la realidad y de todo lo que nos rodea, qué buscamos, por qué lo bucamos y cómo y, especialmente, por que los jóvenes somos tan propensos a la depresión.

La película es rara.

El adjetivo que más le va es ese aunque parezca algo perezoso. Tiene dialogos raros, como medio teatrales, muy prolijos y estudiados y casi antinaturales pero los personajes están tan bien compuestos que nada en ellos suena antintural. El que es tonto en esta película es tonto de verdad: ni siquiera sabe diferenciar los colores. El que es brillante es brillante para todo menos para las relaciones humanas: a las cuatro amigas se les han desaparecido casi por completo las pasiones y pulsiones y todo lo que hacen lo pasan por el filtro de la razón. Toda la película tiene una atmósfera de irrealidad que la sobrevuela, como si el universo en el que se desarrollara fuera uno muy parecido al nuestro pero a la vez completamnte diferente: raro. Las cosas no se llaman por su nombre: a una chica le hacen creer que por religión tiene que tener sexo anal y ella lo cree y no es ninguna tonta, otra piensa que con la fragancia de un jabón puede salvar a los universitarios del suicidio y así. A grandes problemas: el tap. La película es rara, muy, incomoda un poco, no se entiende del todo cuál es su tono, pero para ser una película de cuatro chicas en la universidad, está mucho más que bien. Por momentos también es grasa: tipografía pasada de moda, bailes pasados de moda, unas baladas románticas de fondo, vestuario elegante tipo años setenta: todo a propósito, como si además de todo pudieran reírse del cliché de la asolescencia rosa.

Son lindos y luminosos. Son, también, locos lindos. Tienen buenos sentimientos y cierta sabiduría de la locura. Son impulsivos y pasionales y testarudos. Son la pareja protagonica de Silver linings playbook, son Jennifer Lawrence y Bradley Cooper , los nuevos chicos lindos codiciados de Hollywood (bueno, el no tanto porque siempre lo hacen actuar del mismo chico lindo pero ¿ella? Prepárense para verla en muchas películas más).

De qué va. Un pibe que enloqueció cuando encontró a su mujer con otro tipo en la ducha y lo molió a palos y lo internaron con el diagnóstico de moda: bipolaridad. Ella es una reciente viuda. Cuando termina su internación el sale dispuesto a demostrarle a su ex esposa que cambió, la quiere recuperar, pero apenas sale conoce a la otra linda y aunque él siga diciendo que quiere recuperar a su mujer apareció la linda que lo entiende, lo desafía, lo interpela y bueno, ya se sabe cómo terminan esas cosas.

Mambos los dos, se conocen, bailan, está Robert de Niro haciendo de un viejo con un toc inmanejable, un hermano perfecto, una madre que intenta mantener ordenada la familia y, por supuesto, no puede.

He leído y escuchado que a mucha gente le gustó y como a mi me pareció horrible, por momentos me pregunto si no se me estará endureciendo el corazón (aquí el disclaimer: yo soy muy fan de todas las películas pavas, me presto fácil a la risa si es comida al llanto si es drama al miedo si es terror, si hay que suspirar suspiro y si hay que emocionarme etcétera). A mi ni los protagonistas me cayeron bien ni me parecieron creíbles. La bipolaridad de él se confunde fácilmente con ser un pelotudo bárbaro y a nadie le gustan los protagonistas que son pelotudos bárbaros salvo Forrest Gump o Raymond de Rain Man o esa clase de estúpidos. Ella es excesivamente linda, me cae super bien, pero tampoco le creo nada. Y por último: no creo en esa pareja. No me interesa que estén juntos, no los veo tal para cual, no veo por qué se enamorarían si él está enamorado de su ex y ella quiere bailar.

Como en todas las películas de locos hay: muchos gritos, muchas escenas confusas, otras tantas donde los que parecen locos son los que en realidad están cuerdos, en muchas otras sobrevuela la sabiduría del loco. Cuando empezó una de las primeras cosas que dije fue “En este tipo de películas la música nunca falla” y no, la música no falla. Tiene varios secuencias de música feliz / imágenes tristes o de música triste / imágenes felices-imágenes felices en cámara lenta que más que escenas dentro de la película son como un cartel luminoso que pide, por favor, no sean malos, denme un oscar, yo también puedo ser muy senbsible.

En síntesis: a ellos no les compré el personaje, me cansé de tantos gritos, no entiendo por qué se enamoran el uno del otro pero la música muy linda, capos,

Tournée tiene algunos de mis símbolos preferidos de la decadencia: padres abandónicos que quieren pero no pueden, hoteles venidos a menos o despoblados o directamente abandonados y gordas grotescamente maquilladas haciendo números de varieté de los años veinte en plenos dos mil. Y sin embargo, a pesar de su melancolía y tristeza es una película feliz: los perdedores que logran pertenecer a algo siempre me conmueven mucho y me parecen perdedores felices.

De qué va. Un grupo de mujeres artistas (hay cantantes, contorsionistas, stripers) y su manager están de gira por algunos pueblos de Francia con la promesa de que la gira termina en Paris.

El manager es un tipo cuarentón hijo de un gran productor teatral y hermano de un gran productor televisivo pero que se ha quedado sin un mango y que tiene dos hijos a los que no puede manejar. Las mujeres son todas unas señoras solas y felizmente tristes. Arriba del escenario brillan y abajo se ríen pero en sus ojos se ve la verdad. Eso es lo que más me gustó de la película: la honestidad con la que están tratadas las cosas más duras de la vida: la soledad y el abandono. Ellos están ahí porque solamente se tienen a ellos y nada más. Sería el lado B de todas las vedettes que vemos en la tele de la tarde. Es una película en la que aparentemente no pasan muchas cosas pero sí: las relaciones entre unos y otros van creciendo, se van afianzando, se va sintiendo cada vez más que lo único que tiene cada uno es al resto del grupo, siempre está presente la difusa idea de terminar en París (Paris: la luminosa, la gran ciudad, la teatral, la musical, la del burlesque, los cabarets y el varieté, Paris como la síntesis de todo eso que ellos quieren). La película está llena de momentos entre tiernos e incómodos: algunas escenas sexuales de esas que uno no miraría si tiene a su madre al lado hasta un cover de un tema de Radiohead que te parte la cabeza los dos minutos que dura.

Desde el prejuicio de los que miramos, muchas veces dejamos de entender por qué esas señoras que visualmente son patéticas no están encerradas en sus casas con unos maridos horrendos y unos hijos ídem y a medida que pasa la película nos respondemos y hasta nos da vergüenza habernos hecho ese tipo de pregunta. La película tiene un cierre perfecto y armonioso aunque cuando termina uno quiere que vuelva a empezar.

Por momentos el clima de la película me hizo acordar a otra que vi hace un par de años: La pivellina. Una película chiquita y hermosa con unos artistas de circo que antes de ayer eran exitosos y hoy son viejos panzones que viven en trailers horribles pero igual son felices y encuentran a una niña en la plaza y empiezan a cuidarla. Podés no ver ninguna de las películas de las que hablo acá si me prometés que ves La pivellina.

2 thoughts on “tournée / the perks of being a wallflower / damsles in distress / silver linings playbook / frankenweenie

  1. Creo que te olvidaste de lo principal de The perks of being a wallflower, que es el tema del abuso sexual que sufrió el protagonista de chico, por parte de su tía. La película va mas allá de “una típica película de adolescentes perdedores” Con ese final donde la psicóloga habla con los padres, entendes el porque de la personalidad de el chico, su timidez y dificultad para relacionarse.

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