El BAFICI antes del BAFICI: The Congress*

De qué va: Robin Wright hace de Robin Wright, una actriz con algunos higlights en su carrera (Forrest Gump), cuarentona (en la película no mencionan House of Cards porque, claro, es el renacer de Robin y acá a nadie le interesa el renacer de nadie), con poco trabajo, una hija medio rebelde y un hijo que está perdiendo la audición y la vista. Su manager (Harvey Keitel) le consigue un contrato particular: la van a scanear y nunca más va a tener que actuar porque su imagen scaneada es la que a partir de ahora será la actriz. Y ella… ella puede irse a una isla paradisíaca a gastar la plata que gane en el trato. O a jugar al golf. O a hacer lo que se le ocurra. Hasta ahí una película en la que Robin Wright y Harvey Keitel se lucen, una reflexión sobre el mundo posmoderno, el fin de la humanidad así como la conocemos y de todo lo que ella puede hacer en manos de la tecnología. Una película pesimista más.

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Pero.

Pasan veinte años, el contrato de Robin se vence y la invitan a un Congreso en el mundo animado en el que ahora viven todos los que se unieron a la fiesta química y pueden convertirse en lo que quieran cuando quieran y como quieran porque no son más que dibujos animados. Literal.

Robin cruza al mundo de los dibujos animados y ahí la película cambia de rumbo. Estéticamente se vuelve mucho más interesante (es la libertad que da el dibujo animado, claro) y el argumento más y más intrincado y deprimente.

Durante la película pensé Qué maravilla y Qué pavada (reconozco igualmente que no soy fan de la ciencia ficción, así que siempre veo estas películas con bastante prejuicio), alternadamente, una cosa después de la otra, porque la película se ubica justo en la mitad entre totalmente maravillosa y totalmente pava.

Un futuro distópico iniciado en el mundo del cine. La película arranca con los actores siendo scaneados, perdiendo su identidad como actores y termina con la humanidad disuelta y atomizada en miles, millones de personajes.

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Es una película para ver en estado de estupefacientes pero, como ya dije, otra más de un futuro distópico, sólo que iniciado en y para el mundo del cine. Una cruza de ácidos con Yellow Submarine con Truman Show. Visualmente está buenísima pero cae un poco en su propia trampa: espejitos de colores. El recurso se agota y el argumento empieza a cansar un poco pero a pesar de ser eterna e ir agotándose siempre vuelve a surgir el Qué maravilla y es muy posible que, aunque termines puteando en seis idiomas, ni se te pase por la cabeza sacar la película.

 El director es Ari Folman, director de la gran Waltz with Bashir y el autor de la novela original (Congreso de la futurología de 1971) es Stanislaw Lem, autor de Solaris. Tal vez estos últimos datos ayuden a definir si la querés ver o no.

*The Congress es la película que abre el 16 BAFICI. Si la querés ver, podés ir el 2 de abril a las 20 hs al Parque Centenario y verla, regio, en el anfiteatro.

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