16 BAFICI / Día 2

Atlántida de Inés María Barrionuevo en Competencia Argentina

Es un duro verano en un pueblo cordobés en 1987 para dos hermanas: Elena y Lucía. Elena tiene un yeso casi hasta la rodilla, es caprichosa y un poco popular. Lucía es algo mayor, tímida, nadadora y más bien solitaria. Están solas, sus padres se fueron a un funeral en algún lugar. Hay sequía, juegan con el perro, estiran la cama, van al club. Hace un calor sofocante, lo sofocante de la humedad, los ecos de la influencia -influencia o: lazo, relación, parentesco- de Lucrecia Martel o Celina Murga, hasta que Lucía se harta de los caprichitos de la hermana, agarra la camioneta y se va. Mientras Elena está sola,  recibe al médico más churro que le da una muleta y le pide que la lleve adonde sea que esté yendo y se va.

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A partir de ahí hay como dos road movies bastante diferenciadas y una tercera historia que por momentos parece que nunca va a terminar de encajar. Lucía y una amiga que se sumó al paseo van a una casa abandonada, están en silencio, toman un helado, hacen pis entre arbustos. Elena y el médico hacen una recorrida por unos campos visitando pacientes, ella pregunta demasiado, el no responde casi nada.

Atlantida

Cada una de las hermanas está buscando algo nuevo, algo diferente, algo que las aleje de esa vida cotidiana con cortes de luz y helados de palito, pileta del club y juegos entre adolescentes tipo la botellita, el semáforo. La película, igual que las historias de ellas en la camioneta o en el auto, se convierte en un recorrido con destino incierto, un recorrido desconocido y a veces incómodo, ese recorrido que a todos nos tocó alguna vez en la adolescencia.

Cuando terminó la película un chaboncito preguntó algo y tuvo que repreguntarlo porque ni la directora ni muchos de los que estábamos ahí entendimos:

-¿Por qué, habiendo tanto contacto con el cine de Lucrecia Martel, no elegiste hacer algo más turbio u oscuro?

-Porque quería hacer una película fresca.

Y  lo logró.

El color que cayó del cielo de Sergio Wolf en Selección Oficial Fuera de Competencia

Sergio Wolf habla de meteoritos.

Yo apenas sé que los meteoritos son “piedras” que caen del cielo.

Hasta ahí, podría pensarse que la experiencia fue aburrida.

Pero no. Porque el trabajo que tiene el documental logra que algo tan atípico como el estudio, la búsqueda o la obsesión por los meteoritos se conviertan, para cualquiera, en algo también interesante, atrayente y hasta divertido. Arranca contando sobre los mocovíes y la lluvia de fuego y Campo de Cielo en Chaco y Santiago del Estero, el mesón de fierro y algunas cosas más que ya no recuerdo y de a poco va presentando las dos puntas del tema representadas por un personaje cada una: William Cassidy, un geólogo que hizo una expedición a nuestro país en busca de meteoritos en Chaco y Robert Haag, el mayor dealer de meteoritos del mundo que, en los ´80, se quiso afanar un meteorito gigante descubierto por Cassidy en los ´60.

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Los dos personajes son contradictorios entre sí. Son la ciencia y el mercado. La tranquilidad y el terremoto. El agua y el aceite. A veces parece que Robert Haag con su verborragia y sus delirios y excesos va a robarse la película y ahí está la mano fina del director y del montajista (Alejandro Carrillo Penovi) que lograron que eso no sucediera. Que lograron un equilibrio perfecto entre la ciencia y el espectáculo del meteorito, entre los planos perfectos del cielo y la luna reflejándose en las piedras (el fotógrafo es Fernando Locket), y las leyendas indígenas y la ternura de Cassidy y la locura de Haag.

Elektro Moskva de Dominik Spritzendorfer y Elena Tikhonova en Música

Un documental sobre música electrónica en Rusia. Me llamó la atención por eso en el catálogo y cuando vi el trailer me atrajo por completo. Funciona.

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En un momento uno de los personajes de la película dice “En Rusia nunca sabés si estás hablando con un genio o con un demente” y esa podría ser la síntesis de toda la película. Unos científicos de la música, más científicos que músicos, los primeros sintetizadores, las primeras búsquedas de música electrónica, el proceso de invención de una caja musical. Varios compositores, un vendedor de instrumentos, un pibe que busca sonidos nuevos en juguetes chinos, un eléctrico, son algunos de los personajes de la película. Y un poco la falla del resultado final es que nada termina de cuajar del todo con el resto: la película son entrevistas a esos tipos, un material de archivo con una entrevista a León Theremin y otro de la Rusia comunista. Sobre el material de la Rusia comunista una voz en off explica algunos hechos y corta a una entrevista. Y otro fragmento histórico y otra entrevista. Y nunca terminan de conjugarse bien las dos cosas. Son igual de interesantes pero por separado. Son dos películas diferentes.

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Vale la pena como experiencia sonora, por la entrevista a Theremin, sus delirios y aciertos, por ciertos materiales de archivo de las primeras músicas electrónicas en Rusia, porque los circuitos electrónicos son bastante hipnóticos, por las locaciones, esos departamentos austeros, medio abandonados, por Rusia, por esos personajes que no se entiende si son genios o dementes y no mucho más. Aunque eso no es poco.

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