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Hay veranos que no voy a borrar.

Hay algo con el verano y el crecimiento. Ya no sé cuántas películas vi con veranos inolvidables o con veranos que nunca se van a repetir porque a partir de ese veranos ya nunca volvimos a ser los mismos. Todas estas películas, independientes (The kings of summer), deprimentes (Atlántida), graciosas (Adventurland) o de minitas (Now and then) parecieran decir lo mismo: el tiempo ocioso fuera del año escolar da a los adolescentes la atmósfera perfecta para cambiar, para crecer, para descubrir cosas nuevas y empezar a ser alguien diferente a los chiquitos que eran hasta el último día de clases.

Y entre todas esas se ubica The way way back* donde Duncan (Liam James) se va a la casa de playa del nuevo novio de su madre con ellos (ellos son Steve Carrell y Toni Collette, ya con eso hay gratantía de algo) y la hija de él. Como es esperable, Duncan es un outsider: le gusta leer, es tímido, solitario, de padre ausente. No le cierra del todo el nuevo novio de su madre (la película empieza con el tipo que le pregunta qué puntaje se da a sí mismo, Duncan contesta que tal vez un seis y el tipo le dice “Yo te doy un tres”), le gusta un poco la hija de la vecina, se lleva mal con su hermanastra. Para escapar de ese infierno estival se le ocurre conseguir un trabajo y llega a un parque acuático donde Sam Rockwell es el manager, Maya Rudolph es la segunda a cargo y hay un puñado de personajitos secundarios de esos que están para hacer reir y siempre terminan haciendo reir (por ejemplo: ¿te gusta Community? Entonces vas a estar encantado viendo al Dean actuando de un tipo que siempre quiere renunciar al parque temático pero siempre vuelve a trabajar ahí).

No hay nada sorpresivo. Sam Rockwell se convierte en esa figura paternal pero al mismo tiempo inmadura que Duncan necesita, llegó para descomprimirlo. Duncan se anima a hablar en público, a bailar, a tener amigos, a sonreír. Todo es colorido en el parque acuático y todo es grisáceo en la casa de su padrastro aunque no llega a ser deprimente ni asfixiante: la película nunca se vuelve lo suficientemente profunda como para que eso suceda. Los adultos son todos bastante pelotudos y eso es algo que no se ve a menudo en este tipo de películas en las que los grandes desaparecen. Acá se la mandan todo el tiempo, quedan en evidencia, quieren mostrarse felices y se vuelven patéticos. Se convierten en el ancla de sus hijos y a sus hijos no les queda otra que escaparse.

¿Estás un poco melanco? ¿No parás de pensar en esa colonia de vacaciones donde te dieron el primer beso? ¿El otoño te tiene medio cabizbajo y querés esbozar esa media sonrisa nostálgica que te recuerda que hubo un tiempo más relajado en el que el mayor problema era lograr no ponerte colorado al lado del chico o chica que te gustaba? Entonces The way way back es tu película.

*Dato de color: los guionistas y directores son Jim Rash (el Dean de Community) y Nat Faxon (uno que tenés de vista pero nunca vas a saber cómo se llama). Y otra cosa: juntos escribieron The Descendants, otra que si no viste tenés que ver.

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