hotelbuda

La imperfección de lo perfecto, por fin.

Hace dos años, cuando vi Moonrise Kingdom, dije esto:

Conservamos la fe en el cine porque Wes Anderson lo hizo de nuevo. Moonrise Kingdom es, como todas las de Anderson, un placer para la vista el alma y el corazón. Es una hora y media de suspiros de alegría y lágrimas de felicidad. Es la llegada de la florida privamera, el olor a una torta recién hecha o el olor a pasto mojado en una tardecita de verano. Es la alegría de una palta en su punto justo o un asado o cualquier comida rica. Es Wes Anderson, el de las perfectas coreografías, las perfectas locaciones, las perfectas actuaciones, el perfecto casting, la perfecta música, los perfectos diálogos, las perfectas casas, los perfectos encuadres. Es todo tan perfecto y tan comparable con cualquier cosa perfecta (a veces perfectamente grasa: un atardecer, el cielo naranja, el sol saliendo, un mar calmo, una pradera verde, la montaña nevada, el olor a chocolate caliente) que termina abrumando un poco y le pedís por favor, con una mano en el corazón, hacé algo mal. Si te gusta Wes Anderson vas a salir sonriente y si te parece un vendehumo te va a seguir pareciendo un vendehumo. Mi recomendación es: metete en el mundo de fantasía de Wen Anderson y dejate llevar.

Un tiempo después lo volví a pensar: ojalá que Wes Anderson baje un poco de la nube de perfección estética milimétricamente estudiada y vuelva a hacer algo un poco sucio, tragicómico e imperfecto. Entonces hizo The Grand Budapest Hotel y me cerró la boca. Sí, visualmente sigue siendo de una prolijidad insuperable y casi irritante y sí, también, los diálogos son justos y necesarios y no hay nada que se escape del universo de Anderson. Pero también hay un poco de The Royal Tenembaum o de los hermanos de Darjeeling Limited: una historia que atraviesa décadas y que tiene todo: violencia, viajes, historias de amor frustradas, comedia, drama y asesinatos. A pesar del exhibicionismo de esa belleza estética en la película pasan muchas cosas, logra superar los colores pasteles y la simetría para contar algo que podría contarse dentro de cualquier paleta de colores, que no se queda sólo en eso visual, que no es un cuadro estático con cosas lindas que después se copian en Pinterest. The Grand Budapest Hotel es mucho pero no demasiado.

Aunque nunca se va a convertir en mi preferida de W. Anderson. Esa, sin dudas, siempre será Rushmore.

One thought on “

  1. La ví hace un par de días. Había visto Darjeeleng Limited y tengo preparada Moonrise Kingdom.
    A Wes Anderson lo descubrí por un equívoco. Había visto Du Levande y necesitaba ver más de ese director, así que empecé por Darjeeleng. Luego me dí cuenta de que Roy Anderson y Wes Anderson son dos Anderson distintos. Uno estadounidense, el otro alemán. ¿Primos lejanos tal vez?
    Con respecto a Grand Hotel Budapest, quedamos fascinados. La puesta es impecable, las locaciones, los personajes, los diálogos, el vestuario… todo. Impecable.
    Comparto tus apreciaciones y ya me agendo Rushmore, a ver qué onda.

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