joanrivers

No todo lo que brilla

Se murió Joan Rivers y una buena manera de homenajearla es verla en este documental del 2010 que arranca con una Joan Rivers sin maquillaje, como diciendo: somos un documental honesto. Y de la honestidad del documental se desprende que a Joan Rivers le obsesionaban: el trabajo, actuar, hacer reír, el dinero, la fama, la vigencia, la edad. Y no mucho más.

Por qué hay que verlo: porque Joan Rivers era una mujer que luchaba por seguir estando en la industria y la industria muchas veces le daba la espalda pero también porque en la lucha por seguir vigente se volvía insoportable, caprichosa, megalómana. Hay que verlo porque uno creía que a Joan Rivers se le daba por la comedia pero en realidad se le daba por la actuación y porque un poco todo en su vida estaba al borde de la puesta en escena: la hija, la muerte del marido, la relación con su manager. Hay que verlo porque Joan Rivers era una vieja lúcida y graciosa como muy pocas, que podía hablar de culear sin ponerse colorada y que también podía pelearse en cámara para defender a su hija y después meterle la traba para que su propia hija se cayera delante de todos y porque hay algo fascinante y encantador en las contradicciones de una feminista que habló del aborto en televisión hace más de treinta y que escribió y protagonizó una película sobre el suicidio de su marido, de una mujer que era fuerte y se sabía fuerte pero a veces se volvía chiquita y frágil, como a punto de quebrarse.

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